7.1.09

Sin Titulo

Se abre lentamente la corola de la flor muerta que me rige.
Solo insectos carroñeros aletean sus zumbidos para este desdén hecho materia,
solo soles inocuos para el corazón de hielo,
para la piel lacerada e intermitente,
no hay cantos, no hay dolor.

Repaso tristemente las hojas descoloridas,
una y otra vez... una y otra vez.

Cuán lejos habrá de encontrarse el amanecer que no repela este letargo.
metálicas, pétreas companías,
cielos abiertos se ciernen,
Amplios espacios y bocas sin dientes, o lenguas insospechadas,
todo lo efímero me toma de las manos.
Pasos vacíos, enfermizos silencios de la conciencia,
simplicidad.

He descubierto cuan poco interesante es esta caja de Pandora ante el calor bienvenido,
como se inadvierte mi entereza.
Conformarme, asimilar, entristecerme.
Solo eso le resta a mi cuerpo cansado.
A un cuerpo ausente y lejano

30/10/2008

SIN TITULO

Cómo recibirte, oh, ser destinado a ser esto...
cómo aprehender nuevamente tu dimensión aguda,
tu ausencia de sonidos, de colores.
Cómo resulta tan fácil emprender el largo camino recorrido nuevamente,
olvidar los anhelos, desprender las pieles.

Será este, pues, el dictamen de mis días,
el motor de mi famélico espíritu,
y así te vas, ninfa de los placeres y los horrores.
Tantas eras has pasado en aquel continente que no me pertenece ni me recibe,
en esos recintos que no reconozco, que no son.
Tu no sabes como ocuparme,
tu no quieres mas mi compañía,
no te inspiran mis sonrisas ni mis voces,
no te instalas, hechicero.
Este recipiente resistiendo tu sustancia,
negándote amoldarte, escupiendo.

Lo salvaje, allí espera, por los días de alguien mas, de otros.
Déjame entonces alcanzar las sutilezas, los miramientos.


Nadie expuso tal teoría.
Y no pueden engañarme, yo lo se...

25/10/2008

SIN TITULO

Quiero atrapar los últimos soles de este tormento.
aferrarme a las brasas que fueran entonces el fuego que endulzó mis sienes,
cada latido intermitente de esta bestia en agonía,
un suspiro lento e imperceptible detrás de mi cuello,
el resultado infame de un cordero inmolado.

Ya no alcanza mi vista los dorados horizontes,
las flores se abren tras un gélido invierno
cerrando, mudas, los pasajes subcutáneos,
arrojando cenizas al este y al oeste de mi saliva.

Herbece el mundo ante un octubre de olvidos para mi,
he comenzado el lento peregrinaje hacia la tierra nativa de mi ser,
el retorno insospechado de la niña gris.

Ha de envolverme como antes, como siempre,
el mismo aire estático,
la misma instancia de silencio, la paz fatua,
el deseo muerto, la inercia, la obviedad.

25/10/2008