Se abre lentamente la corola de la flor muerta que me rige.
Solo insectos carroñeros aletean sus zumbidos para este desdén hecho materia,
solo soles inocuos para el corazón de hielo,
para la piel lacerada e intermitente,
no hay cantos, no hay dolor.
Repaso tristemente las hojas descoloridas,
una y otra vez... una y otra vez.
Cuán lejos habrá de encontrarse el amanecer que no repela este letargo.
metálicas, pétreas companías,
cielos abiertos se ciernen,
Amplios espacios y bocas sin dientes, o lenguas insospechadas,
todo lo efímero me toma de las manos.
Pasos vacíos, enfermizos silencios de la conciencia,
simplicidad.
He descubierto cuan poco interesante es esta caja de Pandora ante el calor bienvenido,
como se inadvierte mi entereza.
Conformarme, asimilar, entristecerme.
Solo eso le resta a mi cuerpo cansado.
A un cuerpo ausente y lejano
30/10/2008
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