En ti estarán los eslabones que hoy se pierden de vista,
las claves que hagan sonar el pentagrama.
Allí habrás guardado el placer denegado diestramente.
Una espina insolente, una punción infame se filtra hacia mi,
susurrada como un lamento que quiero olvidar y me pertenece,
alimañas de la carne y el espíritu que socavan la voluntad y el impulso,
las claves que hagan sonar el pentagrama.
Allí habrás guardado el placer denegado diestramente.
Una espina insolente, una punción infame se filtra hacia mi,
susurrada como un lamento que quiero olvidar y me pertenece,
alimañas de la carne y el espíritu que socavan la voluntad y el impulso,
derramando las pulsiones prohibidas.
Un fantasma recurrente se acobija en las entrañas de los sonidos
y escapa prófugo en noches de lluvia como esta...
Ya no canten mas, sirenas
no hay exhorto que merezca proclamarse,
es inútil vulnerar las entradas de esta ría.
No hay princesa; marfil y frío, vapor y hiel.

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